Serendipias en la periferia: apropiaciones e identidad
- FAU-NO editores

- 12 abr
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Por: María Fernanda León Vivanco

La periferia urbana constituye un espacio de transición en el continuum rural-urbano, que alberga en sus inmediaciones a sectores de la población que, por sus necesidades específicas, no tienen sitio en la ciudad central o consolidada. Regularmente, asociada a los estratos más bajos de la población, es un “territorio sin lugar, carente de atributos y significados” (Borja & Muxí, 2000) y presenta una serie de problemáticas que a menudo la fragmentan, segregan y estigmatizan: urbanización incompleta, servicios públicos e infraestructura inexistente o escasa, déficit de equipamientos, desconexión con la ciudad central, baja accesibilidad al transporte público, viviendas autoconstruidas, inacabadas o en mal estado, tenencia ilegal del suelo, delincuencia, etc.
En la ciudad de Loja, gran parte de su periurbano se construye de este modo. Sin embargo, a pesar de las limitaciones determinadas por el deterioro físico, social y también jurídico, los habitantes de estas áreas han desarrollado un vínculo profundo con el entorno urbano, el cual se traduce en un fuerte sentido de arraigo y pertenencia. En barrios como Tierras Coloradas, Jipiro Mirador, Jipiro Alto o El Capulí (estudiados en la asignatura de Prácticas Urbanas de la UIDE-Loja), los residentes se organizan para realizar aquellas obras urbanas que no han llegado a construirse o siquiera a planificarse. Espacios públicos o recreativos, canchas, aceras, lastrado de vías, tanques reservorios de agua, entre otros, se construyen en estos barrios mediante mingas, comités, actividades y organizaciones comunitarias.
Más allá de resolver las necesidades de la población, este tipo de iniciativas caracterizan a la ciudad anónima y conforman espacios de relación que, en el global de los barrios, crean comunidad. Las entrevistas realizadas revelan que, pese a las dificultades de diversa índole que existen, los habitantes se identifican con su barrio, impulsados por la interacción con los vecinos o las dinámicas comunitarias compartidas, lo cual, según Rivera & Ledezma (2014), permite “crear memorias urbanas que son fundamentales para desencadenar nuevos procesos de identidad cultural y de pertenencia en la ciudad”.
En los casos analizados, la transformación del espacio urbano es un proceso inacabado que va desarrollándose, construyéndose y reconstruyéndose de forma continua: inicia simultáneamente con la formación del barrio y conforme aparecen nuevas necesidades, se van adicionando más obras. La apropiación se va consolidando con el uso, las percepciones y la experiencia tanto individual como colectiva, mientras la identidad se refuerza con la interacción social en y con el espacio urbano. Sin embargo, también existen habitantes que no logran desarrollar este vínculo con el lugar, ya sea porque no participan en las actividades comunitarias o porque las intervenciones realizadas en el barrio no son inclusivas para todas las edades o géneros.
La cuestión de la identidad, entonces, se presenta como un proceso en constante construcción en el periurbano. A diferencia de las áreas centrales, que poseen hitos, edificios, plazas, calles y una variedad de espacios arraigados a la cultura, al patrimonio y a la memoria colectiva, la identidad en la periferia se va formando con espacios de menor relevancia para la ciudad y su conjunto, pero trascendentales para el barrio, tejiendo los vínculos necesarios para la vida comunitaria, en una especie de “subintegración” (Solà Morales, 1997), que busca mitigar la desigualdad urbana existente.
Para los habitantes de la periferia, los espacios urbanos autoconstruidos y autogestionados resultan vitales, primero porque dotan a los barrios de la infraestructura y los equipamientos necesarios para mejorar la calidad de vida urbana y, segundo, porque los procesos que conlleva materializarlos, tanto como las luchas colectivas que los acompañan, generan en ellos un sentido de pertenencia casi tan profundo como el que poseen con su propia vivienda, de modo que, no conciben la vivienda separada de su entorno construido, de su barrio.

Referencias
BORJA, J., & MUXI, Z. (2000). El espacio público, ciudad y ciudadanía. Barcelona.
RIVERA, N., & LEDEZMA, M. (2014). La ciudad como valor e identidad. En SÁNCHEZ, D. & DOMÍNGUEZ, L. Identidad y espacio público. Ampliando ámbitos y prácticas (págs. 77-96). Barcelona: Gedisa.
SOLÀ MORALES, M. (1997). Las formas de crecimiento urbano. Barcelona: Ediciones UPC.
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