El sueño de la razón produce monstruos (o por qué los intelectuales le rompen las bolas a Galeano)
- FAU-NO editores

- 2 ago
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 3 ago
Por: Enrique Ferreras Cid
El 28 de octubre de 1982, el Partido Socialista Obrero Español, obtiene una victoria arrolladora en las elecciones generales españolas. Hay una anécdota en la cual se cuenta que Alfonso Guerra 1, futuro vicepresidente del gobierno español, al día siguiente de las elecciones, buscó un lugar para procesar la magnitud de este acontecimiento en soledad, y para ello eligió el Museo del Prado de Madrid. En aquella España que emergía de cuatro décadas de dictadura, Guerra (una de las figuras más mediáticas y conocidas de la política española de la época) podía perderse entre los Velázquez y los Goya sin temor a ser molestado por multitudes de militantes entusiastas o ciudadanos expectantes.
Esta situación sería impensable a día de hoy, puesto que a partir de los años noventa, los museos mutaron de refugios culturales a destinos turísticos masificados, de espacios de intelectuales a productos de consumo cultural para las masas. El Prado, que alguna vez fue refugio de vicepresidentes meditabundos, es hoy el sexto museo más visitado del mundo con casi tres millones y medio de visitantes en 2024. La transformación museística, es la punta de lanza de una democratización cultural masiva que se ha producido a lo largo de las últimas décadas: en términos generales, se ha producido un acceso a la cultura con una democratización nunca antes vista.
Paradójicamente, tal masificación cultural, quizás ha sido uno de las causas fundamentales por las que emerge una reacción defensiva que busca complejizar al máximo el discurso conceptual para que el campo artístico mantenga una cierta aura de inteligibilidad para la mayoría de la sociedad. Si las masas pueden acceder física y virtualmente a los espacios culturales, si los museos se han convertido en muchos casos en parques temáticos del arte, entonces el último bastión de “inaccesibilidad” es el campo intelectual.
La arquitectura, esa disciplina asiduamente insegura sobre su estatus artístico, no se ha librado de esta amenaza y ha respondido con una estrategia tan predecible como preocupante: la hiperintelectualización de su narrativa. La complejización artificial del discurso emerge así no como una necesidad, sino casi como una estrategia de supervivencia conceptual, un mecanismo de defensa contra la amenaza de la comprensión popular.
Tres patologías del discurso contemporáneo
En 1993 en Barcelona se celebra el congreso Anyway2 en el que se produce un arduo debate entre Rafael Moneo y Peter Eisenman. En la intervención de Moneo, como respuesta a la provocadora ponencia del arquitecto norteamericano, desdoblaba la figura de Eisenman en tres personajes distintos: Eisenman el arquitecto, Eisenman el predicador y Eisenman el profesor, poniendo de manifiesto una escisión en la práctica arquitectónica que anticipaba lo que en la actualidad podríamos considerar como una trinidad disciplinar que nos permite entender las patologías contemporáneas de la disciplina:
Profesional
La tremenda importancia otorgada a la narrativa, en muchas ocasiones por encima del proyecto arquitectónico mismo, ha convertido a (gran parte de) los arquitectos en novelistas frustrados que construyen por accidente. Bjarke Ingels, ese enfant terrible del star-system arquitectónico, lo expresa con una sinceridad involuntariamente reveladora: "La arquitectura no es solo una construcción física, también es una narrativa que cuenta una historia" 3. La pregunta que surge inevitablemente es: ¿y si la historia se ha comido a la arquitectura? ¿Y si hemos llegado a un punto donde la narrativa no complementa sino que fagocita al objeto arquitectónico, como Saturno devorando a sus hijos?
Académica
Los congresos arquitectónicos han alcanzado en la actualidad niveles de abstracción conceptual que asombrarían a los escolásticos medievales. Las temáticas se vuelven cada vez más retorcidas y forzadas, los call for papers parecen ejercicios de malabarismos conceptuales donde se establecen conexiones cada vez más inverosímiles entre conceptos dispares. Un collage conceptual arbitrario, donde términos extraídos de campos epistemológicos independientes se yuxtaponen con la intención de que la mera proximidad sintáctica genere significado. Estas construcciones discursivas no constituyen síntesis dialécticas, sino ejercicios de ilusionismo académico donde la moda sustituye al pensamiento riguroso. La temática de la reciente Bienal de Venecia 2025 ilustra este fenómeno: su título 'Intelligens' (un neologismo que Carlo Ratti justifica como síntesis de 'inteligencia' y 'gente') revela cómo la arquitectura contemporánea confunde la invención terminológica con la innovación conceptual; un síntoma de una disciplina que ha confundido la profundidad con la oscuridad intelectual, la complejidad con la complicación.
Pedagógica
Es quizás en las aulas donde esta crisis alcanza su máxima expresión y donde (ciertos) docentes dedican sus clases a exhibir "sus conocimientos", desplegando discursos aparatosos que constituyen una distracción metodológica para los alumnos. La enseñanza de las habilidades necesarias (proyectar, construir, pensar espacialmente…) queda sepultada bajo capas de teoría mal digerida. Los estudiantes, en lugar de aprender a hacer arquitectura, aprenden a hablar sobre arquitectura, o peor aún, a hablar sobre el hablar sobre arquitectura.
Moneo cerraba su intervención en Barcelona criticando la "artillería metodológica inútil"4 de Eisenman, término que evidenciaba una intención de manifestar que valoraba más la obra construida de Eisenman que su desempeño teórico, y que puede extrapolarse hoy a las tres patologías descritas.

Entre polaridades: cuando la cabeza abandona al cuerpo
El pensamiento occidental ha llevado a privilegiar tradicionalmente una condición en las polaridades conceptuales propias de su epistemología. La "sabiduría" siempre ha sido privilegiada respecto a la ignorancia, del mismo modo que la belleza frente a la fealdad. Sin embargo, Umberto Eco creyó meritorio y pertinente hacer un compendio de la "Historia de la fealdad"5, demostrando que aquello que relegamos a los márgenes puede contener verdades tan profundas como lo canónicamente aceptado. Quizás no sea pertinente hacer un elogio explícito a la ignorancia, pero creo que al menos sí es necesario hacer una crítica a la diletancia disfrazada de erudición.
Slavoj Žižek, lo expresa con su habitual frontalidad: "La sabiduría es lo que más odio, es una absoluta estupidez conformista"6. Esta declaración aparentemente simple en su enunciado, apunta a algo más complejo: la "sabiduría" vacía, no es más que conformismo intelectual disfrazado de profundidad.
Eduardo Galeano, confesaba que "los intelectuales le rompen las bolas" y declaraba orgullosamente "yo no soy un intelectual". Su definición resulta también rotunda en su simplicidad: "Los intelectuales son los que divorcian la cabeza del cuerpo"7. Esta escisión, esta separación quirúrgica entre el pensar y el hacer, entre la teoría y la praxis, constituye seguramente el principal problema de la hiperintelectualización arquitectónica.
Pero es seguramente Francisco de Goya el que ofrece la metáfora más potente para comprender la situación. "El sueño de la razón produce monstruos", tal y como aparece en su famoso grabado. El epígrafe de la obra continúa “La fantasía abandonada de la razón, produce monstruos imposibles: unida con ella, es madre de las artes y origen de sus maravillas", abogando no por el irracionalismo8, sino por un equilibrio entre razón y fantasía, entre rigor y creatividad. El problema surge cuando la razón, embriagada de sí misma, se desconecta de la realidad y comienza a generar sus propias quimeras autorreferenciales.

Un monstruo de dos cabezas
Actualmente, la arquitectura se encuentra atrapada entre dos polos igualmente peligrosos: lo popular y lo intelectual. El problema no radica en la existencia misma de ellos, sino en la exclusividad de cualquiera de estos extremos, y sobre todo, en la supresión del otro. Una arquitectura puramente populista, es tan problemática como una arquitectura herméticamente intelectual, encerrada en su aislamiento discursivo.
No se trata, insisto, de hacer un elogio a la ignorancia. Se trata de hacer una crítica necesaria y urgente a la diletancia intelectual, a esa pose de complejidad que esconde, en el fondo, una profunda inseguridad disciplinar. La arquitectura, atrapada en su propia trampa narrativa, ha confundido la necesidad de reflexión teórica con la producción de discursos cada vez más enrevesados.
Seguramente la hiperintelectualización no es una solución a la crisis disciplinar contemporánea sino uno de sus síntomas más preocupantes. Cuando la complejidad ha dejado de ser una herramienta necesaria para dar respuesta a realidades heterogéneas y se ha convertido en una pose, en una estrategia de distinción social, el sueño de la razón arquitectónica produce un monstruo alimentado por nuestra propia vanidad intelectual: una arquitectura que ha sustituido lo disciplinar por el arte de confundir.
Hoy, buscar relevancia ÚNICAMENTE en una complejidad discursiva arquitectónica puede ser tan estéril para la disciplina como buscar soledad en el Museo del Prado. Al menos Alfonso Guerra sabía lo que buscaba.
Referencias:
1. Alfonso Guerra (Sevilla, 1940). Vicepresidente del gobierno español entre 1982 y 1991, durante algunos de los gobiernos liderados por Felipe González.
2. En la década de 1990, Peter Eisenman fundó la Anyone Corporation, para deliberar sobre la condición cultural de la arquitectura a finales del siglo XX a través de conferencias y la revista ANY (Architecture New York). La Anyone Corporation organizó diez conferencias internacionales de arquitectura durante los años noventa sobre la condición de la arquitectura al final del siglo XX.
3. Revista FOCUS Latinoamerica | Arquitectura y Diseño. "Y tú, ¿Qué opinas?Frase del arquitecto Bjarke Ingels." Instagram, 6 de junio de 2025. https://www.instagram.com/p/DKjv8FJN42G/.
4. Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. Congreso Anyway. La ciudad de las ciudades. DVD, con texto de José Juan Barba. Barcelona: Fundación Arquia, 1993.
5. Eco, Umberto. Historia de la fealdad. DeBolsillo, 2014.
6. "Slavoj Žižek, filósofo: 'La sabiduría es lo que más odio, es una absoluta estupidez conformista'." El País, 18 de mayo de 2025. https://elpais.com/ideas/2025-05-18/slavoj-zizek-filosofo-la-sabiduria-es-lo-que-mas-odio-es-una-absoluta-estupidez-conformista.html.
7. Caballito de Madera. "Galeano sobre los intelectuales." YouTube, 14 de abril de 2015. https://www.youtube.com/watch?v=5ADwaoGY2l8.
8. Cuídense también, tal y como decía Galeano, de los cursis que solo sienten y no piensan.
Comentarios