De pie, señores
- FAU-NO editores

- 26 abr
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Por: Paulina Villamarín

“De pie señores” Esta fue la frase que gritó un docente cuando ingresó a nuestra aula alguna autoridad de la universidad, allá por los años 2000, nadie notó nada raro en esto y todos y todas se levantaron como resortes, pero yo no me inmuté, bueno eso es una exageración decir que fue así, en realidad no solo que no me inmuté, sino que actué de manera consciente aun cuando sabía la repercusión que tendría mi acción y así fue, cuando esta autoridad entregó su mensaje, salió del salón y el profesor me dijo -“señorita, ¿por qué usted no se levantó?” y yo muy desafiante respondí: porque usted dijo “señores de pie” y yo no soy señor, soy señora o señorita. Al fondo se escuchó murmullos y hasta risas, pero nadie se atrevió a decir nada más, el docente, del cual aún recuerdo su nombre, solo respiró profundo y finalizó la clase, no sé si porque temía entrar en una discusión interminable con el típico discurso de “señores incluye a hombres y mujeres” o porque cayó en cuenta de su error, lo primero es más probable.
Estuve tan solo 2 años y medio en esa universidad, no terminé la carrera y salí en un momento que me colmé de tantas arbitrariedades.
Creo que cuando informé de mi baja, todxs lxs docentes, sintieron un alivio, en particular una profesora que, aunque quiso castigarme con calificaciones, no pudo, pero ahora que lo pienso, creo que, si fui un poco pesada con ella, pero claro, si no pude soportar que un profesor no utilice lenguaje inclusivo, como iba a soportar que una profesora nos exija que para la exposición final debíamos vestir con falda y terno para la exposición final. Me parece una falta de respeto que se imponga vestir de una forma determinada para una exposición, pero sobre todo que se exija a las mujeres a usar falda. Bueno, a la final esta profe no especificó quién debía usar falda y quién debía usa terno, así es que logré convencer a mis dos compañeros de usar falda y a mis tres compañeras de usar terno.
Estarán imaginando la cara de la profesora al vernos entrar al aula listxs para exponer “con falda y terno”. Obviamente, no nos permitió exponer, pero tampoco puso una queja formal a las autoridades (aun no entiendo por qué). Ventajosamente, las notas que teníamos nos permitían este acto de rebeldía que únicamente yo lo hice con esta intención, el resto del grupo lo vio como una broma o travesura.
Mis acciones frente a este tema no son únicamente en la universidad, empezaron ya en el colegio, pero ventajosamente el colegio en el que estudié daba lugar a estas manifestaciones y si se cometían atropellos o actos con los que nos sentíamos afectadxs, teníamos el espacio para conversar, entonces no era necesario desafiar a la autoridad y hacerse escuchar con este tipo de acciones, puedo decir que, probablemente, mi actitud “rebelde” fue cultivada en este colegio.
Ahora que soy profesora, debo confesar que me asusta encontrarme con estudiantes como yo, pero a la vez y con más fuerza, me encantaría encontrarme con estudiantes que no se queden callados o calladas.
Hace unos años hice un experimento, me habría encantado grabarlo, pero no puedo hacer sin la autorización de las personas involucradas y el éxito de esta prueba está en la espontaneidad.
Entré a dar mi clase, jueves 11 de la mañana y una vez que todos y todas estaban atentas, dije “por favor, señores, pónganse de pie”, toda la audiencia se puso de pie, hombres y mujeres, entonces les agradecí y les pedí que nuevamente se sentaran. La siguiente semana repetí el experimento, pero esta vez dije: “de pies señoras y señoritas”, se levantaron solo las mujeres que eran la mayoría. Había seleccionado hacer este experimento en este curso precisamente porque aquí había más mujeres. A continuación, aún paradas todas las chicas, pregunté a tres de ellas por qué se había parado en las dos ocasiones y por qué creían que sus compañeros se pararon solo cuando hablé de “señores”, todas defendieron el hecho de que se sentían incluidas en el “señores”.
A partir de ese momento, durante toda la clase me dirigí en femenino ¿está claro para todas?, ¿chicas, tienen alguna pregunta?, ¿acabaron todas? Etc. etc., debo confesar que me costaba utilizar ese término y debía hacer un doble esfuerzo para no equivocarme, hasta que un chico no pudo más y me dijo “ ¿por qué se dirige solo a ellas?” estaba realmente preocupado, entonces le pregunté si se sentía excluido y me respondió con un SÍ rotundo pero no solo él, en coro escuche la respuesta de varios chicos más, cuando expliqué que sí están incluidos, porque al haber mayoría de mujeres me refiero en femenino incluyendo tácitamente a los hombres, manifestó su molestia por llamarlo mujer, no recuerdo exactamente las palabras que me dijo pero fue algo como “yo no soy mujer, no me llame así” el tono era amigable, no se creó un ambiente tenso ni mucho menos, más bien creo que se dio un momento de reflexión, yo le expliqué que durante años se nos ha excluido del lenguaje y nosotras, jamás (hasta hace unos años) nos sentimos excluidas y peor ofendidas por invisibilizarnos.
El silencio fue prolongado y di por terminada la clase, a partir de esa clase me dirigí al grupo y a todos los grupos en los que daba clase como “chicos, chicas”.
A pesar de que este ensayo es muy reduccionista como si se tratara de dos únicos géneros existentes (hombre – mujer), ya que el lenguaje inclusivo propone también romper con los binarismos, espero realmente haber sembrado alguna semilla en este pequeño grupo, pues me dolió ver en un chat de profes que se compartió un meme burlándose de “la loca” “la celosa” etc. etc. refiriéndose a un hombre, como si la única ocasión en la que se debe utilizar un adjetivo en femenino es para que el insulto suene aún peor y sea más ofensivo que si le llamamos solo loco o celoso.
Mi recorrido por el camino del lenguaje ha sido largo, antes de cumplir la mayoría de edad ya me cuestionaba estas cosas, parecen simples, pero a mí me hacían mucho ruido y desde entonces, las pocas veces que hablo en público, lo hago dirigiéndome a todos y todas y luego cuando me di cuenta de que el género no se reduce a masculino y femenino, empecé a usar el todes.
Este no ha sido el único experimento que he hecho, varias veces estoy probando entre mis familiares, entre mis amistades, etc. y puedo reconocer que en mi círculo muy cercano es muy aceptado este lenguaje, pero aún encuentro, como mencioné en líneas anteriores, que no solo no se usa lenguaje inclusivo o se ve como una aberración al idioma el uso de la e, la x, la @, etc. sino que también cuando se usa el género femenino es de manera despectiva.
Posiblemente por aquí no es la lucha y exigir que nos incluyan en el lenguaje no cambie las cosas, pero para mí, este es uno de los frentes que se debe atacar, no solo para incluirnos en el lenguaje sino para que ser mujer no sea una “ofensa gravísima”.
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